La campaña de maíz 2026/27 se encamina a comenzar la siembra, con un escenario de contrastes: mientras los perfiles parten con buenas reservas de humedad y los pronósticos anticipan lluvias importantes desde octubre por la presencia de un fenómeno El Niño muy fuerte, los números económicos y la presión de la chicharrita vuelven a ponerle un freno a la intención de siembra.
Según la primera estimación nacional de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el área destinada al maíz caería un 7,3% respecto del récord de la campaña anterior.
Son unas 600.000 hectáreas menos, aunque las 10,4 millones de hectáreas proyectadas todavía representarían la segunda mayor superficie sembrada con el cultivo en la historia argentina.
El ajuste aparece especialmente marcado en las regiones donde la ecuación económica se volvió más compleja.
Al costo de producción se suma el impacto de los fletes, particularmente en zonas alejadas de los puertos y sin posibilidades de consumo cercano, y el gasto adicional que implica el manejo de la chicharrita.
En el norte del país, el problema vuelve a tomar una dimensión determinante. La GEA señala que en Chaco estiman un desembolso cercano a los 55 dólares por hectárea para realizar cinco aplicaciones contra la plaga.
“El maíz tiene la rentabilidad más baja de los últimos 10 años”, advierten desde la región, en un escenario donde el cultivo empieza a quedar fuera de algunas decisiones de siembra.
La diferencia respecto de hace dos campañas es que el problema dejó de ser exclusivamente técnico.
Los productores y asesores conocen mejor las estrategias de manejo, pero el costo de aplicarlas se transformó en una nueva barrera para el cultivo. A esto se suma que los daños provocados por el spiroplasma todavía repercuten sobre los resultados productivos.
La GEA estima que la enfermedad habría provocado una pérdida de alrededor de 2 millones de toneladas de maíz en Argentina durante la campaña 2025/26. Así, pese al fuerte crecimiento de superficie, la producción pasó de 68 a 70,5 millones de toneladas, un incremento mucho menor al que podría haberse esperado por el salto de área.
FUENTE: InfoCampo.