La disputa por el estado de la red vial rural en Carlos Casares ha sumado un nuevo capítulo de tensión. El grupo Comunidad Rural, caracterizado por una postura combativa y un seguimiento técnico de la situación en las pequeñas localidades, ha vuelto a poner el foco en lo que consideran una condición indispensable para la vida productiva: “No hay ruralidad posible sin caminos”.
A pesar de que el municipio difunde habitualmente las tareas de mantenimiento en las vías principales, desde Comunidad Rural aseguran que la realidad en el territorio es muy distinta. El grupo ha documentado el estado de más de 45 caminos que muestran signos de años de desatención: malezas que cubren la traza, pozos profundos y una ausencia prolongada de maquinaria vial.
El eje del descontento radica en la contraprestación de los servicios. Los productores sostienen que, al cumplir con el pago de la tasa de mantenimiento de caminos, la municipalidad debe garantizar la libre circulación hacia sus establecimientos. Actualmente, muchos se ven obligados a “molestar” a vecinos o abrir nuevas tranqueras en campos ajenos para poder entrar o salir de sus campos, evitando tramos intransitables.
Por su parte, el intendente Daniel Stadnik ha buscado canalizar el diálogo de manera individual o a través de la Sociedad Rural, con quien se renovó recientemente la Comisión de Caminos. Sin embargo, este acercamiento no ha sido suficiente para calmar los ánimos de los productores autoconvocados, quienes denuncian una falta de apertura hacia el grupo Comunidad Rural en su conjunto.
Desde el Palacio Municipal, la defensa se apoya en dos frentes:
Más allá de la cuestión técnica y económica, el conflicto roza una fibra sensible: el futuro de los pueblos rurales. Un integrante de Comunidad Rural expresó recientemente en redes sociales su preocupación por la desaparición silenciosa de estas comunidades.
“En la ruralidad ya hemos escuchado frases como ‘a ese pueblo hay que disquearlo’ o ‘es inevitable la muerte de los pueblos rurales’. Los votos están en los cascos urbanos. Lo que no se ve, no existe”, sentenció, reflejando el sentimiento de un sector que se siente “ninguneado” frente a las lógicas políticas de turno.
Con un clima que ha sido poco benévolo en los últimos meses y la advertencia de que seguirán “contándole las costillas” a la administración local, Comunidad Rural asegura que no bajará las banderas. El reclamo, aseguran, trasciende gestiones y colores políticos: es un pedido de supervivencia para el interior productivo de Casares.
FUENTE: Casres Online