Este fin de semana el pánico se apoderó del mercado ganadero y de las autoridades sanitarias cuando confirmaron los primeros casos de scrapie clásico en ovinos, una enfermedad neurodegenerativa "prima hermana del mal de la vaca loca" que nunca había sido detectada en el país.
El primer caso se identificó el viernes en una cabaña de la provincia de Buenos Aires, pero en las últimas horas las autoridades sanitarias confirmaron otros dos focos en Santa Fe y Entre Ríos, lo que terminó de encender las alertas y temen que no se trate de un episodio aislado.
Los contagios detectados ahora reflejan infecciones ocurridas hace al menos 30 o 40 días, debido a los tiempos que transcurren los primeros síntomas en los animales, la toma de muestras y el resultado de los análisis de laboratorio:
"Cuando aparecen los síntomas nerviosos en los animales, se faenan y se envían las muestras a España por disposición de la OMSA -Organización Mundial de la Sanidad Animal- y los resultados pueden tardar entre 20 y 30 días", detallaron especiaistas.
El scrapie es una enfermedad que afecta el sistema nervioso de los ovinos, generando alteraciones de conducta, pérdida de coordinación y deterioro progresivo.
Su transmisión se produce principalmente de forma horizontal, a través de fluidos fetadles o por vía oral, lo que vuelve especialmente riesgosa la convivencia dentro de un mismo rodeo.
El foco inicial se habría originado en animales importados desde Paraguay hace unos dos años. Sin embargo, las autoridades ahora intentan reconstruir la trazabilidad completa, ya que no conoce si esos reproductores hayan tenido origen en otros países como Canadá o el Reino Unido y que Paraguay haya sido solo una escala previa para llegar a Argentina.
"Si entraron dos animales infectados en un rodeo, es probable que el resto esté contaminado", advirtió una fuente al tanto de la situación. Ese escenario abre un dilema sanitario difícil: una barrera sanitaria y sacrificar todo el rodeo o avanzar con estudios genéticos para intentar salvar animales resistentes, una alternativa mucho más costosa y compleja.
En ese contexto, crece la preocupación por la capacidad de respuesta del SENASA, en medio del proceso de vaciamiento y recortes que sufre su organigrama donde muchos profesionales de carrera con el sueldo congelado hace meses se fueron a trabajar al sector privado, además de desafectaciones y de falta de recursos y movilidad para desarrollar los controles periódicos.
"Hay que analizar animal por animal y tomar decisiones muy finas, pero eso requiere recursos y tiempo. Hay que ir a los corrales, analizar los animales, definir controles ante el miedo de los ganaderos que ante la mínima sospecha trasladen rebaños de manera clandestina complicando la trazabilidad", señalaron desde el sector.
FUENTE: LPO.